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sábado, 11 de abril de 2015

Industria oculta detrás del pis de mujeres menopáusicas


Mi mamá tenia una empleada domestica (Antonia) que venia dos veces por semana. Era una señora de unos 55 años que vivia en la zona sur de provincia de Buenos Aires..
Cierto día, ante un festejo de un cumpleaños, le pidió si podía quedarse esa noche para ayudarla y quedarse a dormir en su casa (para que no viajara tan tarde a su casa).
Antonia le dijo que no podía dormir fuera de su casa ya que en las noches ella recolectaba orina para un laboratorio.
A mi madre le pareció curioso y le preguntó y Antonia le contó que todas las mujeres grandes (mas de 50 años), del barrio le entregaban su orina a esta empresa y que la empresa les daba regalos todos los meses.

A CONTINUCION LA NOTA QUE EXPLICA TODO

Industria oculta detrás del pis de mujeres menopáusicas




Una industria que crece en silencio y mueve cifras millonarias
El mercado de la orina, del conurbano a la exportación

Con el material de 165.000 mujeres se elabora una hormona contra la infertilidad

Por Evangelina Himitian | LA NACION


El sol todavía no apareció en la esquina de Juramento y Fontenla, en Lomas de Zamora, cuando Jonathan sale a recorrer las casas de la zona con un racimo de unos 40 bidones de cinco litros vacíos, colgado al hombro. El bulto de envases blancos casi duplica su figura. Es el único que anda en la calle a esa hora. Con la mano que le queda libre abre la cerca de una casa, saca un botellón medio lleno y deja otro vacío. Hace lo mismo en otras tres puertas de esa cuadra. En silencio y sin despertar a nadie. Después, deja los bidones con pis en la esquina para que los cargue un camión. Repite la rutina todos los días. Antes del mediodía tiene que retirar unos 1400 envases en Temperley, Adrogué, Rafael Calzada y Florencio Varela. Gana 100 pesos por semana.

Así arranca, en el conurbano bonaerense, la maquinaria de un mercado que se mueve sobre la base de orina y que maneja millones en todo el mundo. En el final de la cadena, la Argentina se posiciona como el principal productor mundial de un medicamento que se elabora con pis.

El Instituto Massone, en Saavedra, es el que trasmuta el líquido ámbar en tratamientos para la fertilidad; extrae una hormona de la orina de mujeres menopáusicas y la convierte en menotropina, una droga que estimula la fabricación de óvulos.

Según explicó a LA NACION Raúl Massone, director del instituto, en el conurbano, en tres barrios porteños que lindan con la General Paz, en Zárate y en La Plata, se recolectan diariamente unos 200.000 litros de orina. Esa es la cantidad que se necesita para, tras cuatro meses de tratamiento, producir un gramo de menotropina, también llamada gonadotrofina de origen natural.

Claro que a partir de un gramo de ese producto se pueden generar unos 2000 tratamientos. Según explicaron a LA NACION especialistas en fertilidad asistida, un tratamiento de esas características cuesta 3000 pesos.

¿De dónde provienen los 200.000 litros de pis? De 165.000 mujeres mayores de 48 años, menopáusicas, que juntan el material de todo el día en un bidón y, cada dos días, lo dejan en la puerta de su casa. Según explica Biomás, el laboratorio que desde 1996 se encarga de hacer la recolección de la orina y provee a Massone de esta materia prima.

El director médico del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción y uno de los referentes nacionales en tratamientos de reproducción asistida, Claudio Chillik, asegura que el mercado mundial de gonadotrofina urinaria movilizó en 2003 unos 17 millones de viales o ampollas. Massone produjo más del 82% del mercado mundial: exportó 14 millones de ampollas, mientras que el 18% restante se repartió entre China y Japón.

La participación argentina en el mercado se incrementará a fin de año, cuando el laboratorio produzca 20 millones de ampollas. Europa y Estados Unidos son los principales mercados a los que se exporta.

Cifras de la Dirección de Industria y Comercio Exterior porteña confirman que el año último la industria farmacéutica encabezó el ranking de exportaciones y que, si se discrimina por rubros, los tratamientos con menotrapina se colocaron en el tope de los productos exportados.

Las donantes no reciben ningún pago. A cambio, una vez al mes, el laboratorio les envía un obsequio, que puede ser una jarra de vidrio, una hielera, una frutera, recipientes plásticos, repasadores o, como el mes último, una bandeja de madera para pintar, según comprobó LA NACION durante un extenso recorrido por casas de donantes en Bernal, Long Champs, Quilmes, José León Suárez, Lomas de Zamora, Adrogué y Temperley, entre otras localidades.

"La orina no se paga. No tiene un precio porque no es un bien que esté en el mercado. La ley prohíbe la comercialización de partes y materias del cuerpo humano", explica María Luisa Salinas, gerente de Promoción de Biomás. Fuentes de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) confirmaron que el laboratorio realiza una actividad legal y certificada, que recibe controles de organizaciones internacionales. Y que la orina no puede comercializarse.

Pero, y entonces... ¿por qué las mujeres se toman el trabajo de juntarla? Las donantes, en su mayoría tienen más 60 años, pertenecen a la clase media bonaerense, son jubiladas o viven solas y tienen un jardín delante de su casa, donde dejan el bidón. La estrategia más convincente que usan las promotoras para convertirlas en donantes es hacerles ver que ellas dan su orina "para ayudar a las mujeres que no pueden tener chicos".

Olga Arturia vive en Misiones al 600, en Lomas de Zamora. Desde hace un año y ocho meses, todos los domingos, martes y jueves, antes de ir a dormir, deposita la última cuota de donación y saca el bidón a la entrada. "Al principio dije que no. Ahora, me traen un regalito todos los meses. Pero igual yo no lo doy por eso, sino porque lo usan para un fin que es bueno. Además... si yo lo voy a tirar", se justifica.

No todas las mujeres conocen con certeza para qué se usa el pis. Lourdes Maldonado tiene 70 años, vive en Adrogué. Desde hace un año que volvió a usar "pelela", como de niña. "Me explicaron que era para hacer remedios y para cremas, creo, no me acuerdo", dice. María de Jesús vive en La Calandria 2700, en Temperley. "A mí me gusta donar porque es como ayudar. Me saludan para las Fiestas y eso es lindo, sobre todo, para mí que vivo solita. Y con los regalitos equipé la casa de mi hijo, que se fue a San Clemente", explica.

UN TRATAMIENTO ANTIGUO

"El uso de la gonadotropina urinaria para tratar la infertilidad es un tratamiento que se realiza desde hace años sobre la base de una hormona que sólo se encuentra en la orina de las mujeres posmenopáusicas y que no se recolecta en condiciones específicas, porque se purifica cuando se la trata", explica Claudio Chillik, director del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción, especialista en tratamientos de reproducción asistida.

"El tratamiento consiste en aplicar a la mujer dosis masivas de folículos que estimulan el ovario para que fabrique gran cantidad de óvulos. El primer embarazo con este tratamiento se produjo en 1962 a partir de una droga que desarrolló el laboratorio suizo Serono llamada HMG (Human Menopausan Gonatropina)", asegura. Pero en 1995, según Chillik, había un déficit mundial muy importante en el abastecimiento de esa hormona. Hacían falta 60 millones de litros de orina para cubrir la demanda. "Fue entonces cuando Serono logró desarrollar la hormona de un modo sintético." .

FOTO DE LA NOTA DEL DIARIO, donde una mujer muestra los regalos que reciben.

orina




NOTA TOMADA DE "LA NACION"

http://www.lanacion.com.ar/643982-el-mercado-de-la-orina-del-conurbano-a-la-exportacion

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